los caballos del vitor
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Nuestro pueblo celebra muchas fiestas de origen religioso, pero sólo una es la Fiesta por antonomasia, la fiesta número uno. Las demás son organizadas por barrios, cofradías, asociaciones, gremios. Pero el Vitor es la fiesta de todos, el imán que atrae a la gran familia dispersa, la que aúna criterios, proyectos, anhelos, aportaciones colectivas, esperanzas y añoranzas para que todos, como actores del regocijo anual, "vivamos el recuerdo del pasado, la fe del presente y la esperanza del futuro". Nos apoyamos en una decisión centenaria de nuestros antepasados, consciente e histórica:



ACLAMAR A MARIA INMACULADA EN EL MISTERIO DE SU CONCEPCIÓN, CON LA FIESTA DEL VITOR.

Jamás se suprime aunque por circunstancias bélicas no se hagan los actos externos, en el fondo del alma, porque forma parte de la propia historia del pueblo, es como una vertiente esencial de su vida concreta y el resumen de su fe.

Podemos concentrar nuestra idea de la fiesta en estas palabras:

"Expresión comunitaria, ritual y alegre de experiencias, anhelos comunes, centrados en un hecho histórico pasado y contemporáneo".

EVOLUCIÓN DEL DOGMA INMACULISTA


Aunque se celebraba la fiesta de la Concepción de María en los siglos VII-VIII en Oriente, y desde el IX, en Occidente, el objeto de semejante fiesta no estaba bien definido todavía, pues unos celebraban su "inmunidad de la culpa original desde el primer instante de su existencia como persona" (concepción inmaculada de María), mientras otros celebraban la "santificación" de María llevada a cabo algunos instantes después de su existencia en el seno materno (purificación de la culpa original).

El Papa Sixto IV aprobó dos bulas a favor de la tesis inmaculista (1.482-1.483). Ambas en el terreno disciplinar imponían las mismas penas a los partidarios de cada una de las tesis.

En el Concilio de Trento, en los decretos del pecado original, fue tratada la cuestión de la Inmaculada Concepción como excepción a la universalidad del mismo.

S. Pío V precisaba más aún las prohibiciones, el 7 de agosto de 1570: "prohibía cualquier discusión tanto pública como privada, sobre la cuestión". Las disputas continuaron hasta el punto de forzar a Paulo V (6 de julio de 1616) a aumentar las penas a los contraventores.

Tanto se acentuaron las protestas de unos contra Otros que la Santa Sede, ante la expresión 'inmaculada concepción", mantuvo siempre, hasta principios del S.XIX, una actitud de prudente reserva frente a las tan encendidas y contrastantes pasiones, mientras éstas no se calmaron.


El último paso estaba reservado a Pío IX, que ha pasado a la historia como "el pontífice de la Inmaculada".

Durante el pontificado de Gregorio XVI (1813-1846) y en los comienzos de Pío IX se elevaron a la Sede Apostólica más de 3OO peticiones de cardenales, arzobispos y obispos para que se luciese la definición dogmática.

Pio IX en 1848 instituía una Consulta de 20 teólogos a los que sometía la cuestión sobre la definibilidad de la Inmaculada: de los 20, se mostraron favorables 17. Después de esto, el 2 de febrero de 1849 expedía a los obispos de todo el orbe católico una especie de "consulta ecuménica" por escrito. Finalmente, en este mismo año, consultados todos los obispos sobre cuál era el sentir de los pueblos respecto a este misterio, respondieron en sentido favorable una mayoría tan completa, que casi podía decirse que era unánime. Por ello, el 8 de diciembre de 1.854 Pío IX, definió el dogma de la Inmaculada Concepción en su bula "Ineffabilis Deus" con estas palabras:

"LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA FUE PRESERVADA INMUNE DE TODA MANCHA DE CULPA ORIGINAL EN EL PRIMER INSTANTE DE SU CONCEPCION, POR SINGULAR GRACIA Y PRIVILEGIO DE DIOS OMNIPOTENTE, EN ATENCION A LOS MERITOS DE JESUCRISTO, SALVADOR DEL GENERO HUMANO".

Es un honor para todo horcajeño de pila, sentirnos herederos de nuestros paisanos que defendieron el dogma inmaculista en tiempos de controversias.

TITULAR Y PATRONA


inmaculada concepciónUna devoción popular no nace súbitamente, ni se extingue al día siguiente. Todo es producto de un largo proceso.

La devoción más recia y constante era la de Santa María, eran caballeros de María, teniendo a; la Santísima Virgen como dama de sus pensamientos.

Al no tener noticia concreta sobre la fecha del Patronazgo oficial de Horcajo -la Purísima Concepción-, podemos utilizar como punto de arranque, dos fechas, consignadas en los libros parroquiales:

- Acta de Confirmación del 28 de noviembre de 1661: es la primera vez que se dice el nombre actual de la parroquia, "la Concepción", no de ''Gracia".
- La decisión del Prior de Uclés, don Diego de Vivanco Morales, el 17 de diciembre de 1698, de encabezar las partidas parroquiales con la inscripción: "En la Parroquia de Ntra. Señora. de la Concepción de esta villa de Horcajo..."

Desde entonces, Titular y Patrona han tenido la misma advocación.
Cuando las Cortes Españolas declararon a la Inmaculada Concepción Patrona de España, de sus reinos y señoríos (el 17 de julio de 1767), declaración confirmada por el Papa Clemente XIII, Horcajo reafirmaría con festejos especiales, el compromiso, voto o juramento que la comunidad cristiana del pasado, en la persona de la autoridad representada, hizo en aquellos años postridentinos (1563)

HORCAJO DE SANTIAGO Y EL SIGLO XVII

El Papa Urbano VIII hizo la reforma sobre días festivos, dejando a voluntad del Obispo de cada diócesis elegir entre ciertas festividades e imponerlas como de precepto en las parroquias de su jurisdicción.

En 1650 surgió para la Orden el célebre "cuarto voto" de defender, a toda costa, la Concepción Inmaculada de María.
Caballos, caballeros, estandartes de fe en nuestras llanuras manchegas, nos dan brío, coraje e hidalguía a la hora de crear la "expresión viva" de la fiesta que nos inmortaliza.

Con fecha 8 de septiembre y 20 del 1650, las Actas de Sesiones del Concejo, guardadas en el Archivo Municipal de Cuenca (legajo 279, folio 96, expediente 1), nos describen el juramento de la ciudad, hecho en su catedral para defender perpetuamente que 'la Virgen Santísima Madre de Dios Santa María nuestra Señora fue concebida sin mancha de pecado original", y ratificación del mismo juramento con acuerdos de que todos los regidores municipales y provinciales habían de prestarlo al tomar posesión, y que se escribieran cartas a Su Santidad para que determinase "como artículo de fe que la Madre de Dios, Nuestra señora fue concebida sin mancha de pecado original".

Desde entonces ya sabían los alcaldes de los pueblos cuáles eran sus compromisos, ante juramento, al asumir la dirección y protección del vecindario.

Por mandato del Prior Santiaguista de Uclés, D. Diego Ortiz de Vivanco Morales, el 17 de diciembre de 1698, la titular Ntra. Señora de Gracia, queda sustituida por Ntra. Señora de la Concepción. La primera partida en la que figura esta determinación episcopal está consignada en el libro 4º de Bautismos, folio 313, nº 68, es del niño Gregorio, hijo de Juan García y Benita Gómez, que nació el 13 de diciembre de 1698, bautizado por el Lic. Manuel Jiménez, teniente de Cura, el día 24 del mismo mes y año.

Esta decisión no seria lógica si la parroquia - comunidad creyente- no viviera a tope la devoción concepcionista.

TEXTO ACLAMATORIO



En el año 1694 se encuentra la frase esencial del primer "Vítor" escrito.

famosa aclamación del vitorEs verdad que alguien fue el inventor del texto que sirve de expresión a un contenido netamente inmaculista, y que su nombre y apellidos quedarían absorbidos ante la aceptación colectiva del pueblo quien asumiría para siempre la autoría del mejor compendio teológico y definitorio del dogma inmaculista:
VÍTOR LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA CONCEBIDA SIN MANCHA DE PECADO ORIGINAL, ¡ ¡VÍTOR, VÍTOR!!!

Esta era la aclamación completa. La evolución de los tiempos ha simplificado y abreviado la frase
La Virgen fue concebida sin pecado original."

Se hizo tan popular y famosa esta aclamación del Vítor, que poco a poco, absorbió en este gesto expresivo, todo el sentir y qué-hacer de un pueblo durante los días dedicados a su Patrona, consiguiendo, sin ninguna imposición, el nombre que nos inmortaliza y distingue de FIESTAS DEL VÍTOR.

EL VITOR DE NUESTROS MAYORES
La Fiesta Patronal de Horcajo es más conocida por el nombre, que le hace singular y célebre, "del Vítor".

La primera Fiesta a la Señora de la Concepción pudo tener sus orígenes en el año 1672, cuando María Sánchez Reluz funda un vínculo con sus bienes y deja como primer poseedor de esa fundación a su sobrino Alonso Fernández de la Oliva, vecino de Horcajo, y dice: "es mi voluntad que a cada mil ducados les cargo ocho misas en cada un año, rezadas, y que SE HAGA UNA FIESTA DE NTRA. SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN habiendo de decir una misa cantada..."

Nuestros mayores han tenido todo un rito de actos, preparatorios e inmediatos a "la santa noche", solemnidad de la Inmaculada, procesión y festejos populares:

- El día 8 de septiembre Natividad de la Virgen- el Ayuntamiento y Mayordomos de la Virgen salían a recoger fondos y medios económicos necesarios para la Fiesta.

- Adornaban una galera tirada por dos hermosas mulas, ostentando, en la parte delantera de la galera, el Estandarte de la Inmaculada. Recorrían todas las calles y casas del pueblo, recibiendo donativos espontáneos de los vecinos: trigo, dinero, etc.
- El día 29 de noviembre comenzaban las "novenas", a media tarde, con una asistencia normal a las demás novenas. Al término de la novena diaria, después del canto de la salve, se iniciaban por los mozos que estaban junto a las pilillas, las aclamaciones del 'Vítor la Purísima Concepción de María Santísima concebida sin mancha de pecado original, vito, vítor!!!", proseguidas por todos los asistentes.

A partir de 1919, la novena ya se hacía por la noche, después de volver la gente del campo, y se hacía solemnísima, con intervención de un famoso orador sagrado venido de fuera, contrataban música de capilla con cuatro o cinco cantores y varios instrumentos de cuerda

La vigilia de la Inmaculada tenía estas notas:

La novena, con sermón, se anticipaba por la mañana.

- A media mañana, recibimiento solemne de la banda de música que amenizaría y ensalzaría los festejos religiosos y populares.

- Vísperas cantadas por el nutrido clero, con asistencia de autoridades y pueblo; traslado del Santísimo al Convento.

- Volteo y repique de campanas, sobre las siete y media de la tarde.

- Cena apresurada y, después de dar el primer pienso a los animales, todo el vecindario al templo para vivir el momento emocionante de la "salida del estandarte" por la puerta de la sacristía.

- Un sacerdote de la clerecía parroquial, acompañado por los demás ministros del Señor, revestidos de sobrepelliz, capa pluvial, y escoltado por los hermanos del Santísimo, con hachas encendidas, era el portador del Estandarte, saliendo de la puerta estrecha y baja de la sacristía. Nada más aparecer un pico del estandarte, como una corriente eléctrica y estruendo tormentoso, el clamor de los fieles era indescriptible por el fervor, entusiasmo, devoción, prorrumpiendo en vítores de ancianos, hombres, mujeres, niños, todos a porfía, con brazo alzado y mano abierta o portadora de gorras, sombreros, boinas. La emoción llegaba al máximo y el orden a su cumbre, cuando el estandarte era divisado plenamente, en medio del altar mayor.

Media hora se invertía en esta aclamación, dentro del templo hasta llegar a la calle, donde los mismos sacerdotes, montados a caballo, para mostrar con más visibilidad la enseña inmaculista, recorrían las principales calles en procesión nocturna con verdadero espíritu de oración, aclamación, entre luces, antorchas y vítores, lluvia, nieve, frío y viento, retornando a la Iglesia, en pacífico y fervoroso homenaje aclamatorio a la Inmaculada Concepción.

Los años pasan. Los sacerdotes y seglares adoptan nuevas formas en la vivencia de estos actos nocturnos religiosos. La Iglesia insinúa a los fieles que ellos también podían ser los portadores del estandarte por las calles, en signo de penitencia y ofrecimiento. No cayó en saco roto esta invitación de la Iglesia local, y desde entonces, los "ofrecimientos" seglares sembraron la dichosa costumbre de ser ellos 'caballeros de la Virgen", los protagonistas del estandarte por las calles y los responsables hasta entregarlo.

Siempre ha habido tensiones, brotes de lucha y oposición, dentro de la tónica del fervor colectivo. Por eso, a partir del año 1924, porque en el anterior ocurrieron escenas desagradables producidas por la conducta inesperada de grupos y sacerdote con el estandarte, por mandato del alcalde, sacó el estandarte ese año, el predicador de la novena, D. José Merino, Magistral de la Catedral de Cuenca, acompañado por tres sacerdotes parroquiales, con sobrepelliz, capa pluvial y también por los hermanos del Santísimo hasta la puerta del sol para hacer entrega a los devotos caballeros de la Virgen.

jinetes en el vitorLa "entrega" del estandarte a los jinetes en la puerta del sol, es un momento que nadie se lo perdía por su riqueza de júbilo, emoción y coraje, al mismo tiempo que se prendía una enorme hoguera, volteo de campanas, marcha real, manos alzadas, entrecruzadas y zarandeadas por el movimiento incontrolado de corazones y gargantas que quieren sobresalir más que el trinar de campanas. Los caballeros, impacientes, reciben el emblema inmaculista, tomando su vara el del medio y sus borlas los otros dos acompañantes. Van adornados con turbante o gorro plateado en fondo azul. Los caballos (que uno de ellos, "el bomba", ya sabía el camino y el día, sin que nadie se lo indicara, desde la Cueva Plaza) enjaezados con mantillas, cintas azules, estrellas y espejos en los cabezones, son conducidos por fuertes y pacientes hombres con antorchas para no tropezar la oscuridad de la noche. El ofrecimiento de los caballeros era penoso y pesado: debían ir en silencio, sin apearse del caballo, a no ser por causas mayores, hasta llegar a las ermitas del pueblo, donde encendían las hogueras, y el campanil se volteaba, mientras descansaban los caballeros y caballos. No faltan los penitentes que acompañan a la Virgen, en silencio, descalzos o vitoreando toda la noche. Durante el recorrido procesional, no faltaban las hogueras, como recibimiento a la Virgen, donde caballeros y comitiva con dulces y bebidas para mejor andar el largo camino con los rigores del tiempo, casi siempre en lluvia, nieve, frío, hielo y escarcha.

Durante la "noche santa" (así llamaban nuestros mayores a la noche del Vítor), permanecía la Iglesia abierta toda la noche y mientras se quemaba la pólvora en la plaza (de un árbol se desplegaba el cuadro de la Virgen, siendo acogido con vítores y el himno nacional) y se hacía el recorrido del estandarte por el pueblo, mujeres, hombres, desde la puerta hasta el altar mayor, pasaban y repasaban "de rodillas" y aún con los brazos en cruz, rezando el rosario para cumplir ofrecimientos que en trances apurados habían hecho a la Santísima Virgen; al terminar esta penitencia, echaban, llorando, su consabido "VITOR"

Después del recorrido por el pueblo, el estandarte nunca era "entregado" más tarde de las nueve de la mañana, dando tiempo a echar, tranquilamente, "versos y dichos" a la Virgen. El sacerdote-predicador, revestido, recogía el estandarte y, en pocos minutos, lo pasaba a la sacristía con inmenso fervor.

A la misa mayor del día 8 - día principal- asistían, como presidencia de honor, juntamente con el Ayuntamiento, los caballeros devotos que habían sacado el estandarte.

Mientras el estandarte y la imagen están en procesión por el pueblo, los 'campaneros" no cesaban de repicar y voltear las campanas.

fuegos artificialesPor la tarde, procesión con la imagen. Al llegar a la plaza y a su regreso en la iglesia, con el fin de allegar fondos, los fieles llevaban la imagen en sus andas, de un sitio a otro, haciendo pujas. No faltaban en los festejos los fuegos artificiales, tracas, cohetes, etc.; ya dicen los viejos que en tiempos de la invasión francesa - siglo XIX - fueron ahuyentadas unas tropas que se proponían atacar al pueblo, gracias al estallido de salvas y petardos. Desde 1919, los cantores de la novena, en dos paradas, cantaban "villancicos" Una vez que la imagen estaba en el templo, por la noche, después de la cena, muchas familias se dirigían a la iglesia a "levantar a la Virgen',' que consistía en recorrerla en sus andas, dos o tres veces, hasta ya entrada la noche.

El día de la "Virgencilla" - día 9 - a partir de 1919, se decía una misa de réquiem por todos los difuntos del pueblo, como agradecimiento por su bendita herencia, con oración fúnebre por el mismo predicador. El "domingo de la rifa" - domingo siguiente al día 8 - se subastaban, en el quiosco de la música, los obsequios y regalos, llegando a valer, algunas veces, una calabaza, mil pesetas. Un medio muy familiar y sencillo de recaudar más fondos para cubrir gastos.

Los hijos de Horcajo, ausentes, por sus arrieras andanzas o por encontrarse en tierras andaluzas pastoreando sus rebaños, también celebraban su noche del vítor, colocando una estampa o cuadro en sitio preeminente, y descubiertos, aclamaban a la Patrona con sentidos vítores.

Así vivían EL VÍTOR nuestros antepasados, según el testimonio oral de los más ancianos del pueblo, sin olvidar que sus abuelos ya referían matices más originales, puros y elocuentes en esta manifestación religiosa tradicional.

ELEMENTOS INTEGRANTES DEL VITOR

Nuestra fiesta en honor de la Purísima Concepción tiene diversos elementos que la integran:

Recolección de frutos y donativos, el 8 de septiembre, tres meses antes, cuando la Iglesia celebra la Natividad de la Virgen, renacen los primeros movimientos preparatorios, aunque remotos, recordando 'los mayordomos de la Virgen" que ella merece honor, alabanza y veneración. "Para la Virgen doy trigo, dinero y mi amor" Ya está la fiesta en marcha.

"Las novenas de la Virgen", que dan comienzo el veintinueve de noviembre. Devoción de nueve días, en la cual se rezan determinadas oraciones. Desde el siglo XVIII, se practicó intensamente en las situaciones de peligro, o con motivo de la proximidad de una fiesta o de un importante acontecimiento de la vida. Al mismo tiempo las amas de casa preparan los dulces y rosquillos de la Virgen -.

El clero parroquial, muy nutrido entonces, era el encargado de dirigir el novenario, mostrar el estandarte y pasearlo por el templo y las calles.


El colofón de cada novena, después de la salve, eran las aclamaciones sucesivas al misterio de la Purísima Concepción, unos desde su sitio, otros avanzando desde abajo hasta las mismas gradas del altar con las palabras (voz y ademanes de brazo y mano), consabidas del "Vítor".

Desde el 1919, la novena se hacía por la noche, después de volver la gente del campo, aumentando, como es lógico, el público que ansioso de ocupar sitio cómodo, ya esperaba con mucha antelación el momento de abrir la iglesia el sacristán. El orador sagrado, venido expresamente de fuera, y la música de capilla con cantores especializados en motetes marianos y eucarísticos, ambientaban, durante nueve días, la preparación a la gran fiesta patronal, que eran vividos con verdadera alegría e ilusión. Desde 1968, se hace la Novena con misa y la homilía es el sermón.

El Estandarte

Es el protagonista de la fiesta, imán que atrae y enloquece, cobija y apiña a todos sus hijos nativos sin que las inclemencias meteorológicas, tiempo ni distancias, sean obstáculo para realizar la procesión más larga de la liturgia cristiana. Es el signo visible que pone en movimiento el corazón para exteriorizar nuestra adhesión al misterio inmaculista, cuando el sacerdote o caballero nos lo manifiesta. Para un horcajeño, el Estandarte no es sólo la insignia que acompaña las procesiones de una cofradía, es todo un rito de acontecimiento trascendental que escenifica la fe de un pueblo con diversidad de matices y ramificaciones en distintas direcciones.


Es el resumen del clamor instintivo de un pueblo en épocas polémicas hasta llegar al dogma, con expresión de todo el significado de origen. Es el signo de unidad, de amor y de fervor en la aclamación.

Los Estandartes son realizados por los portadores, de modo que cada uno de ellos tiene en su casa un pequeño altar a María. Son bordados a mano por las mujeres del pueblo, igual que todos los adornos de los caballos. Del mismo modo, cada caballero tiene el suyo propio.

Tres devotos a caballo

Ya hemos dicho antes que en el comienzo del Vítor eran los mismos sacerdotes quienes paseaban por el pueblo el estandarte, con capas, montados a caballo, como los visitadores priores y caballeros seglares cuando hacían la visita a la encomienda de Horcajo. La iglesia local, con pedagogía santiaguista, sabor a reconquista y ademanes de hidalguía, presentaba en público la enseña, y el pueblo hacía su proclamación, se manifestaba en vítores, júbilo y gozo, rindiendo homenaje. Como la fiesta del Vítor iba tomando enormes bríos y no había síntomas de decaimiento, la iglesia local, juntamente con seglares responsables, adopta nuevas formas en la manera de escenificar la vivencia de los actos nocturnos religiosos: los fieles devotos, hombres, pueden ser los portadores del estandarte, por las calles, en signo de penitencia y ofrecimiento. Desde entonces - en un principio serían más de tres, hasta que se reglamentara la categoría del oferente en atención a sus peticiones y acción de gracias a la Virgen, igual que los sacerdotes acompañantes del que portaba el estandarte, no serían dos, sino todos los que podían cabalgar "caballeros de la Virgen" podían y debían ser seglares.

Nos hubiera gustado poder ofrecer todos los nombres de "caballeros y borleros de la Virgen" desde su fundación, pero sólo tenemos constancia oficial desde el año 1.939, en el cual se instaura el Libro registro de los portadores del Estandarte. Actualmente existen inscripciones para ser portador del Estandarte o de sus borlas, hasta el año 2.063. Muchos son niños que sus padres les regalan el poder pasear la imagen de la Inmaculada la noche del 7 de diciembre. Algunos de ellos, por su edad, morirán con el deseo de haber llevado en sus manos a la Virgen.

Durante cincuenta años, sin interrupción, han paseado por nuestras calles el estandarte, en medio de multitudes, con enormes sacrificios, paciencia y fortaleza. Muchos tenían "el ofrecimiento" hecho desde los diez o quince años, o han suplido a un familiar que por fallecimiento o causas mayores no pudieron realizar su ofrenda. Son eslabones de la inmemorial cadena de nuestros antepasados que también sufrieron el hielo, la lluvia, el viento y la nieve, no consintiendo suprimir la ceremonia aunque surgieran dificultades sin cuento, como sucedió a principios del siglo XX: Había muy pocos candidatos para sacar la Virgen, las autoridades tenían que intervenir, y hasta, incluso, retenían los caballos para no entregarla tan pronto sin la luz del nuevo día.

Los colaboradores imprescindibles para la escenificación del Vítor son los CABALLOS, fieles compañeros del hombre.

HOGUERAS Y HACHONES

Tiene plena justificación su presencia: los rigores del tiempo y la falta de luz para el camino largo y lento.

La primera y monumental hoguera se prendía en la puerta del Sol, cuando el delirio y sentimientos llegan al culmen del entusiasmo, entrega del estandarte a los caballeros. A lo largo del trayecto nocturno, en casi todas las puertas, placetas y barrios, el estandarte era recibido con innumerables hogueras para reconfortar los cuerpos escalofriantes y pies descalzos, mientras se obsequiaba con dulces, rosquillos, patatas asadas, vino y licores, a todos los acompañantes y "caballeros de la Virgen".

No podemos ocultar que toda la fiesta del Vítor tiene matiz guerrero y grito de conquista, por eso, los HACHONES - luminarias de estopa con pez, cera o resina -, es un elemento histórico de nuestros antepasados que lo usaban, no sólo para dar luz, sino escolta al estandarte y, desenmascarar o descubrir los posibles enemigos que, aprovechando la oscuridad de la noche, podían raptar la efigie o causar daños a los defensores de la fe.

EL PUEBLO, como elemento formal creador, animador y coordinador de todos los factores que reviven una multisecular tradición, es el alma que transmite su mensaje sobre una creencia. Es transmisor y receptor, como grupo humano de una experiencia religiosa. Su presencia - con raras excepciones - es latido constante que se adhiere y define, a su modo, a una profesión de fe, explícita, voluntaria y consciente.

Toda la extensa e intensa jornada tiene como fondo una melodía con letra y música anónimas, porque han pasado a la historia como obra maestra de un pueblo, con nombre y sobrenombre, HORCAJO DE SANTIAGO. Su letra - texto aclamatorio - no puede ser más sencilla, expresiva, teológica y popular:

VÍTOR LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN
DE MARÍA SANTÍSIMA, CONCEBIDA
SIN MANCHA DE PECADO ORIGINAL,
VÍTOR, VíTOR!!!


NOCHE del Vítor:
Es noche con rumor de palabras virginales, y miradas de la siempre Inmaculada, noche que abaja los cielos y aúpa la tierra, noche que se desborda en efluvios de luz, esperanza y amor, noche de lágrimas y recuerdos, suspiros.

Pregoneros de la Fiesta del Vítor

Desde 1983, la Fiesta Grande de Horcajo de Santiago tiene su pórtico cultural: "El Pregón del Vítor".

Suele tener lugar dentro de los días del Novenario solemne a la Patrona. Cada Pregonero es una cascada de voz que pone ya en pie de fiesta a los horcajeños, haciendo un canto a las raíces de la comunidad y resaltando aquello que es específico y singular de la villa santiaguista.

APORTACIONES INTERPRETATIVAS DEL VITOR

No existe ningún documento que nos diga con exactitud: "época y autor del Vítor'; los manuscritos de Simancas, Escorial, Archivo Histórico Nacional no dejan huellas ni pistas para arrancar en un tiempo determinado. El Archivo Municipal y Parroquial, guardan silencio en la formación popular del Vítor. Tenemos que utilizar la argumentación deductiva, basada en acontecimientos de tipo nacional con incidencias acusadas en nuestro pueblo que sintonizan y están en consonancia con las fechas "clave", sobre las cuales me apoyo para situar el origen del Vítor:

Como fiesta organizada, erigida eclesiásticamente en plan sistemático de calendario, no es anterior al siglo XVII, aunque las creencias en la Virgen Pura y sin mancha estuvieran ya muy claras y experimentadas en la comunidad creyente horcajeña de siglos anteriores. Es compendio de múltiples retazos en diversas épocas, llegando a su culmen en el siglo XVII, cuando toda España vivía envuelta en su fervor mariano preparando el camino al dogma inmaculista. Horcajo es el pueblo adelantado de Castilla que con su "Vítor" manifiesta su devoción colectiva, aclamación y ratificación enérgica de lo que el sacerdote - mediante el estandarte - proponía en el templo, después en la calle, a escala popular festiva, coreando los fieles sin prisas, pero con coraje, toda la verdad de la Madre de Dios, en;' el primer instante de su ser natural. Veneración masiva del símbolo inmaculista, sentido con tanta efusión de fe, que lo que es invisible en el corazón, se hace visible y real ante los gestos, voz, mímica, signo reiterativo de plegaria y adhesión a la singular gracia y privilegio de Dios sobre ELLA.

a) LOS ADORNOS de caballeros: gorro o turbante de tela azul celeste, y caballos: cabezones recubiertos de azul con estrellas y espejos, pecho pretal con cintas, mantilla y lazo... tienen reminiscencias árabes, pues durante los siglos XI al XIII, la región de Horcajo - por estar cerca de Uclés, tan sólo a tres leguas, donde se dio la cruenta batalla (1108) entre almorávides y castellanoleoneses - fue escenario de continuos enfrentamientos entre moros y cristianos.

Teniendo en cuenta que, tanto la invasión almorávide como la almohade, se destacaron por su fanatismo religioso y violencia (el Corán les prohibe el culto a toda clase de imágenes), los saqueos en el pueblo por parte de los árabes serían frecuentes, llevándose las imágenes religiosas, figuras, efigies, a lo que se opondrían - con coraje incontenible - los cristianos horcajeños. (El mensaje de fondo en las representaciones "de moros y cristianos" está basado en estas acciones históricas).

La oposición del pueblo al avance de los jinetes con el estandarte tiene cierto paralelismo con estas escenas de la invasión árabe en nuestra patria.

b) LOS TRES DEVOTOS A CABALLO con el Estandarte nos recuerda la influencia que tuvo en esta zona la Orden Militar de Santiago desde 1174, convirtiendo a Uclés en cabeza de dicha Orden, siendo Horcajo uno de los pueblos pertenecientes a este Priorato.

Si esta Orden religioso-militar, con su lema "defensio fidei", impone sus leyes a todos los súbditos y visita sus territorios a caballo, hay una relación inmediata y simbolismo entre los tres devotos a caballo y el paso por las llanuras manchegas de los Caballeros santiaguistas portando estandartes de fe. También tiene reminiscencias de "aquellas cabalgadas (tropas de gente a caballo que salían a correr al campo o al servicio que hacían los vasallos al rey)" muy frecuentes, sobre todo, en el transcurso de la Edad Media, y tan comunes en nuestra patria en la época de la Reconquista, que pocas comarcas pudieron considerarse libres de sufrir sus efectos mientras duró aquella lucha.


Por otra parte, Horcajo, pila de numerosos hidalgos, estaba acostumbrado a presenciar combates, retos o desafíos para defender el reino de sus enemigos y cuando entraban victoriosos por las calles, les tributaban el homenaje de triunfo "el vítor' como función pública, en la cual los aplaudían y aclamaban por sus hazañas y acciones gloriosas. Fácil le era al pueblo aplicar al estandarte el sentido de la palabra "vítor" como exclamación de triunfo y símbolo palpable de su devoción hacia ELLA. Las cabalgadas en días festivos enarbolando la enseña pidiendo la declaración dogmática, tienen un paralelismo aceptable, y que esto fuera el comienzo o inspiración de la procesión nocturna, ya que - según algunas versiones- iban muchos más caballos con sus jinetes acompañando el estandarte, hasta quedar reducidos a 'tres" por la fe en la Trinidad y la solemnidad de las misas de fiesta (misa de tres curas: preste, diácono y subdiácono).

c) EL ESTANDARTE

Durante la Edad Media, las iglesias lo utilizaban para enarbolarlo cuando era preciso levantar tropas y convocar a los vasallos para la defensa de bienes eclesiásticos e iglesias mismas. Los ejércitos medievales llevaban a los combates el pendón del concejo o de la ciudad en el que aparecía dibujada la efigie del santo patrón. Horcajo, escenario que recuerda el pasado morisco de la zona con enfrentamientos entre los cristianos, plataforma de correrías santiaguistas con su carácter religioso-militar defendiendo la Religión Católica, levanta su estandarte en el transcurso de la historia y llama a sus valientes hijos para defender sus creencias, sobre todo, el clamor instintivo "ser María concebida sin pecado original", y como ejército bien compacto, se adelantó en unión inquebrantable, para librar "0tro combate espiritual" ante unas autoridades eclesiásticas que no compartían plenamente su fe en el misterio inmaculista. (Al igual que en el siglo XII amplios sectores eclesiásticos - San Bernardo, Orden de Predicadores de Santo Domingo- impedían que la aceptación fuera absoluta, aunque Duns Scotto y adalides españoles fueran decididos defensores).

HISTORIA DE LA IMAGEN "Purísima Concepción"

Purisima ConcepciónUna vez que la Titular Parroquial pasa a ser "La Concepción", como así consta en los libros del Archivo Parroquial, a partir de noviembre de 1661, y el pueblo la aclama como Patrona Inmaculada, es cuando LA IMAGEN, tallada en la Ermita de San Sebastián por el escultor Don Juan Pablo de Estrada, vecino de la ciudad de Toledo, se colocó en la Iglesia, el día del glorioso Apóstol Santiago, 25 de julio de 1700, según las anotaciones del escribano público de Horcajo, don Isidro Solórzano.

Más de dos siglos ha presidido el discurrir de la vida cotidiana de Horcajo con sus fiestas, y ha sido "intercesión y signo de la presencia divina en el camino de los fieles hacia la casa del Padre..." Hasta que fue profanada y destruida en los aciagos días de 1936.

Como el pueblo se encontraba sin la añorada imagen de su Patrona, los hermanos José M.ª, Jesús, Juan Francisco y Tomás Luna López-Solórzano recordaron que su tío Críspulo Luna Horcajada había hecho una promesa a la Virgen consistente en una determinada cantidad en metálico. Pero murió sin haberla cumplido. Entonces, sus sobrinos decidieron cumplirla adquiriendo una imagen de la Inmaculada Concepción, tallada en madera, y ellos abonarían la diferencia existente que hubiese entre la cantidad que dejó Críspulo y lo que realmente costase. Fue encargada la talla el escultor valenciano, don Pío Moyares. En la bola del mundo sobre la que pisa Nuestra Señora, en la parte de atrás y sobre una plaquita dorada, se puso una inscripción con el nombre de los donantes y fecha, para que así conste a efectos históricos.

La corona-aureola actual es la misma que tuvo la antigua imagen, obsequio de los hermanos Luna, ya que su madre, Francisca López-Solórzano Arquero, con anterioridad a la guerra del 36 (quizá, por los años 1928), tenía hecha la promesa de regalar a la Virgen una corona, pero, murió sin haberla cumplido. Sus hijos cumplieron la promesa de la madre adquiriendo en Córdoba una corona de plata con doce estrellas rematada en el centro con una cruz, y además, añadieron una media luna de plata que la imagen lleva a los pies. La inscripción que lleva la corona, recoge estos datos de los donantes.

También, la corona y media luna desaparecieron en los turbulentos días del 36. Nada se supo de ellos hasta 1939 que aparecieron entre los objetos almacenados y recuperados en las Oficinas del Obispado de Cuenca. Tan sólo una estrella faltaba a la corona. Los hermanos Luna - hijos de la donante- la enviaron al orfebre de Córdoba para su restauración... Bonita historia, digna de evocación, con "luces y sombras", y anhelos de maduración en la fe, sin detrimento de la paz y convivencia.

RESTAURACIÓN DE LA INMACULADA

Después de cincuenta años, la imagen se deteriora: las inclemencias del tiempo, los fuegos artificiales, viajes a las "coronaciones", la reacción interna de los materiales, etc... dejan huella de resquebrajamiento y acción y distorsión del color original. En los últimos años, se pedía con insistencia su "restauración".

Durante el verano de 1989, la imagen es restaurada en Estudio-Taller de Conservación y Restauración de la Conferencia Episcopal Española, en Madrid. El informe técnico del trabajo nos dice todo lo que ha llevado consigo la restauración:
- Consolidación del soporte de madera: grietas, partes desprendidas.
- Sentado de la policromía: fijación del color al soporte.
- Eliminación de repintes: limpieza de pintura de retoque que ha mudado de color y que distorsiona con el original.
- Limpieza de policromía: suciedad, barnices, humo, mugre por el roce de manos.
- Estucado: se cubre con estuco las partes de la obra que lo han perdido y dónde se ve el soporte de madera.
- Reintegración pictórica: reposición del color allí donde se ha perdido.
- Baño de oro y plata de las partes de metal de la obra.
- Plateado de la peana con plata fina al agua.
- Patinado y barniz: final de la obra.

Hizo su entrada triunfal en Horcajo, la tarde del 24 de octubre de 1989, con una masiva fiesta popular mariana.

HOMENAJE A LA PURÍSIMA EN DOS TIEMPOS

Nuestra fiesta patronal, en honor de la Purísima Concepción, la vivimos en dos jornadas o tiempos con matices diferentes, expresiones opuestas, gestos y voces de tonalidades distintas:

PROCESIÓN NOCTURNA. (7 de diciembre)

Su inicio en el templo es como el fragor que produce una tormenta y el estruendo que originan las aguas del mar sobre las rocas en períodos de oleaje.

Es noche de concentración y llamada, noche de retorno y encuentro de tantos horcajeños que vuelven a la casa materna, dispersos por las tierras del mundo, encontrando el calor, abrazo y sonrisa de familiares y amigos.

Es noche de ánimos soliviantados, nerviosos, impacientes, - al igual que antaño, por el sólo hecho de querer conseguir el pueblo, cuanto antes, lo que anhelaba y deseaba.

Todo este ambiente se realiza en un clima de fraternidad, cordialidad, hospitalidad, obsequio y alegría (lo borrascoso es propio del tiempo...), porque Horcajo sabe muy bien cuál es su "papel' en esta representación nocturna del drama inmaculista, herencia gloriosa de sus antepasados.

PROCESIÓN VESPERTINA. (8 de diciembre)

Ya no hay caballos, ni caballeros, ni estandarte. Imagen en carroza triunfal, esbelta, airosa, cuajada de claveles, gladiolos y catarata de luces blancas. (La Purísima estrenó carroza en 1855, y la actual, en 1960, del mismo estilo y autor que el retablo).

En todo el trayecto hay vítores, pero han perdido cualquier expresión de violencia, agresividad y enfrentamiento, tienen sólo sentido aclamatorio sin grupos protagonistas de vaivenes. La triple melodía del vítor, graciosa, surge espontáneamente en balcones, ventanas, puertas, en pandillas juveniles, al paso lento y tranquilo de la Virgen.

La procesión llega a su término.

Cuando la Imagen va a penetrar en el templo, las manos, brazos, corazones y gargantas se ponen de acuerdo y es como un volcán sinfónico de sentimientos que despide a su Reina y Madre con lágrimas, pidiendo salud, pan y fe.

Ya en el templo la Virgen, es la "salve popular", con devoción profunda y sentida, el broche de oro que cierra este densísimo homenaje multisecular de los horcajeños.
LA INMACULADA, PEREGRINA

* La primera salida fue a Cuenca, el día 1 de junio de 1950, para, en unión de otras 83 imágenes de pueblos de la diócesis, asistir la Coronación Canónica de la Virgen de la Luz - Patrona de la Capital de Cuenca -, de manos del Nuncio de S.S., Monseñor Cicognani.

* El 30 de mayo de 1957, Horcajo es una inmensa romería que, en autocares, camiones, taxis y tractores, se traslada a Cuenca, para hacer presente su clamor inmaculista, ante la Solemne Coronación Canónica de la Virgen de las Angustias Patrona de la Ciudad oficiada por el Nuncio de S.S. Monseñor Hildebrande Antoniutti el día 31 de mayo, con el cortejo de 130 imágenes. Horcajo de Santiago, esta vez, se hizo notar porque escenificó "su Vítor" con toda la fuerza de sus raíces: "Tres devotos a caballo recorrieron las calles de Cuenca con el Estandarte - la noche del 30 de mayo- que les fue entregado, en la puerta de la Ermita Ntra. señora. de la Luz.

La imagen y el Estandarte han salido en otras dos ocasiones, con motivo de las Coronaciones de las vírgenes de Manjavacas y del Villar, en Mota del Cuervo y Villarrubio de Santiago, respectivamente.

EL VÍTOR, "EXPRESIÓN DE FE Y TRADICIÓN"

Es verdad que "el Vítor" tiene su marco propio, adecuado y ambiental. Pero no exclusivo de los días 7 y 8 de diciembre. Si es aclamación y reafirmación de una verdad, ésta se puede actualizar, siempre que las circunstancias lo conllevan. Las creencias son una realidad con vida y dinamismo de fe que deben aflorar en cualquier tiempo y espacio, sin caer en el fanatismo y rutina manipulados.

El 30 de mayo de 1954 - Año Mariano- se llevó a cabo la Consagración del pueblo de Horcajo a María Inmaculada y la Entronización de su Imagen en la Casa Consistorial.

* El día 16 de agosto de 1985, a las doce del mediodía, una gran parte del pueblo se reunió frente a la imagen de la Inmaculada Concepción, en la Plaza del Ayuntamiento, para cantar el Ave María, y posteriormente, la Salve, vitoreando con el fervor que nos caracteriza, mientras las campanas de la Iglesia repicaban sin cesar... ¿Motivo? Durante una semana, el pueblo se vio visitado por “los evangelistas", quienes predicaban los puntos de su religión sin incluir a la Virgen María como Madre de Dios e Inmaculada" sin mancha de pecado original".

* La noche del 6 de diciembre de 1987 fue el mejor pórtico del Vítor, cuando "el nuevo Estandarte" (Recuerdo de la Familia Fraile Blanco), después de ser presentado al pueblo y bendito, dentro de la Misa de la Novena, se paseó triunfante, solemne y jubiloso por toda la Iglesia,

El Vítor es un murmullo y grito dormidos. Cuando las raíces de un pueblo se movilizan, no puede faltar "su esencia", y, entonces, despierta como torrente, cascada y huracán, porque es tradición que se hereda con la sangre.

FUENTES: D Angel Horcajada Garrido. "Huellas del pasado"